En un mundo que lucha constantemente por la eficacia y el rendimiento, nos enfrentamos hoy a uno de los males que más afectan a nuestro estado: el estrés.
Es una presencia cotidiana en nuestras vidas, que nos recuerda constantemente que tenemos que tener éxito en nuestra vida profesional, en nuestra vida como padres, en nuestra vida como personas y en nuestra vida social.
Nos sentimos abrumados persiguiendo una y otra vez el éxito en todo lo que hacemos. Pero si hay algo en lo que los avances tecnológicos aún no han hecho mella es en el TIEMPO. Durante miles de años, un día ha durado 24 horas y todavía no hemos encontrado la receta mágica para hacer tiempo. Así que nos toca a nosotros, como «seres humanos», domar este tiempo y encontrar un equilibrio entre nuestra vida profesional y personal.
1. el tiempo de trabajo se hace omnipresente
La forma en que trabajamos está cambiando, y la pandemia de COVID ha acelerado esta convulsión.
Personalmente, llevo 4 años trabajando desde casa como empresaria (¡ya fui pionera en el teletrabajo!). No es tan fácil definir tu espacio de trabajo cuando no tienes necesariamente una habitación dedicada, cuando tu entorno te recuerda a las muchas otras tareas domésticas que tienes que gestionar (el lavavajillas, la colada de los niños, etc.) y cuando los niños llegan del colegio a las 16.30 y aún no has terminado tu jornada de trabajo.
Para remediarlo, es importante aprender a dividir el tiempo y organizarlo.
- En lo que a mí respecta, me he fijado un horario de trabajo «eficiente» entre las 9.00 y las 17.00 horas (aunque eso signifique reducir mi pausa para comer) para tener la mente más libre cuando mis hijos llegan a casa.
- Me ocupo de las tareas domésticas después de las 6 de la tarde (e ignoro toda la basura ambiental durante mis horas de trabajo).
- Apago mis notificaciones después de las 6 de la tarde. No más correos electrónicos ni contestar el teléfono después de esa hora porque de todos modos ya no estoy concentrada ni soy eficiente 😛.
2. No escuchar a tu cuerpo
El cuerpo necesita estar en movimiento. Hoy en día, a menudo pasamos la mayor parte del día sentados frente a un escritorio, donde se acumulan todas las tensiones del día.
Recuperar el equilibrio entre la vida profesional y personal también significa recuperar el equilibrio corporal. Significa ir al trabajo a pie o en bicicleta, para poner el cuerpo en movimiento y oxigenar la mente. Significa hacer una pausa de 30 minutos a la hora de comer para hacer algo de deporte o simplemente dar un paseo. No es tiempo perdido, es tiempo en el que la dopamina estimulará tu cuerpo y tu placer durante el resto del día.
3. Relaciones sociales cada vez más virtuales
Confinamiento, teletrabajo, restaurantes y cines cerrados. En los últimos 18 meses, nuestra vida social se ha higienizado, obligándonos a permanecer en un espacio confinado con nuestras familias (con el añadido del cierre de clases vinculado al COVID, que nos obliga a ello de nuevo). Así que tenemos reuniones de Zoom con nuestros compañeros, llamamos a los abuelos por Facetime y enviamos algún que otro Whatsapp a nuestros amigos o les contamos nuestras actividades del fin de semana en Instagram para seguir en contacto con la gente a pesar del «distanciamiento social».
Es fundamental sacar tiempo para «conectar» con los demás. Como madre de 3 hijos, que trabaja desde casa y con un marido que se desplaza a menudo, busco constantemente ese tiempo ‘para mí’, ese rato para charlar con mis amigas, que de una forma muy egoísta me permite hacer una pausa en mi rutina diaria (ir a tomar un café, ver una película al cine…).
Este tiempo es vital si queremos sentir que existimos fuera de nuestro trabajo y nuestra familia.
En pocas palabras...
Para recuperar el control sobre tu tiempo, es importante analizar cómo se gestiona y poner en marcha microacciones que te ayuden a ganar tranquilidad (este será el tema de nuestro próximo artículo 😉 ).